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sábado, 15 de diciembre de 2012

Carta pastoral del obispo Anders

... con motivo del tercer domingo de Adviento.

Queridos Hermanos: Durante este Año de la Fe debemos maravillarnos por todo lo que Dios nos ha dado a través del inestimable Don de la Fe. "Regocijaos en el Señor siempre. Una vez más les digo: ¡Regocijaos!  El Señor está cerca "(Filipenses 4:4). A través de la Fe penetra en nuestro interior una parte de la alegría eterna del Señor brindándonos un antídoto eficaz contra el aburrimiento y la oscuridad que de otro modo fácilmente se posesiona de la gente. La tristeza es una enfermedad muy común, que sólo
la alegría del Evangelio puede curar. A la luz de Jesús, podemos ver la vida como un obsequio.  Dios, permanentemente presente, nos enseña a observar respeto por la vida. Toda vida humana tiene un gran valor que nada puede quitarle y una dignidad que nadie debe ofender. Momento a momento podemos recibir la Fe, la esperanza y el amor, que nos da la clave para interpretar la vida y todo lo que ella contiene. La Vida pasa entonces a tener mas profundidad. Pasamos a ver todo con la mirada misericordiosa de Dios, principalmente a ese hombre que Dios puso en nuestro camino.

"¿Qué debemos hacer?": Esa pregunta la oímos tres veces en el Evangelio de hoy (Lucas 3:10 -18). Puesto que la vida misma es un Don y una Gracia, tenemos que ser cada vez más conscientes de nuestra obligación de protegerla y defenderla. Como colaboradores de Dios, tenemos gran responsabilidad de que la dignidad de la vida sea respetada. De un modo u otro debemos todos luchar por la vida humana. Desde el primer frágil comienzo en el vientre materno y en especial allí, necesita el ser humano de toda protección y apoyo. Incluso si nos llaman dinosaurios o atrasados, debemos defender a todos los seres humanos y su derecho inalienable a existir. "La vida debe, por tanto, ser protegida con el máximo cuidado desde la concepción: el aborto y el infanticidio son crímenes abominables "(Gaudium et Spes, 51), dice el Concilio Vaticano II. Del mismo modo, la Iglesia toma distancia de la pena de muerte. Estamos agradecidos por el hecho de que cada vez más países estén aboliendo este bárbaro castigo, mientras nos preocupa que los homosexuales en algunos países estén amenazados por la pena de muerte.

"¿Qué debemos hacer?" Una y otra vez debemos hacernos esta pregunta. El Adviento es tiempo de conversión, cuando debemos mostrar con palabras y con hechos que somos guiados por la Luz de la Fe. Como seguidores de Jesús debemos siempre acudir cuando nuestro prójimo necesita ayuda, sea quien sea. ¿Cuántas veces no pasamos de largo o hacemos la vista gorda cuando vemos a un mendigo o una persona necesitada? Porqué son tan pocas las veces que visitamos enfermos y ancianos? A nuestro alrededor hay siempre alguien esperando por nuestro amor y nuestro esfuerzo. Los pobres y los necesitados están aquí, en Suecia en medio de nosotros. Por eso Caritas Suecia realiza en este momento una gran campaña para hacernos conscientes de lo que podemos hacer por nuestro prójimo en necesidad. No podemos dejar toda la carga para el Estado y la sociedad y esperar que otros asuman la responsabilidad. Nuestra diócesis y nuestras iglesias necesitan realmente de esta campaña. Así, de modo más creíble, proclamaremos el mensaje de la fe. "El que tiene dos camisas debe compartir con el que no tiene, y el que tiene pan debe hacer lo mismo "(Lc 3, 11).

     Esta misión caritativa es parte de nuestro llamado como cristianos, es un deber esencial si queremos ser discípulos de Jesús. Por tanto, es importante que cada uno halle su modo y sus posibilidades de vivir en el amor como servidor. Caritas nos ayudará a ver cómo también podemos convertirnos en voluntarios del amor misericordioso, dando de nuestro tiempo, de nuestro dinero y sobre todo de nuestros corazones a aquellos que nos necesitan. Es maravilloso cuando nos damos cuenta de que realmente podemos hacer mucho por los demás, aunque aparentemente sea solamente un pequeño gesto de amor. Todo lo que se hace por amor da sus frutos. Todo lo que hacemos en nombre de Jesús lo hace a Él más amado y honrado. Es importante que nuestras congregaciones adopten este perfil más caritativo, para poder dar testimonio de que el Señor vive y trabaja en nuestra Iglesia. Caritas no es sólo una asociación u organización. Caritas es vivir de y en el amor de Dios. Caritas debe convertirse en responsabilidad y alegría de todos. El compartir con aquellos que están necesitados es una de las mayores alegrías de la vida. Y a menudo, es más fácil para los pobres que para los ricos.

El Adviento es el tiempo en que nos preparamos para el nacimiento de Cristo. Queremos vaciarnos de todo egoísmo, para poder recibir al Niño en el Pesebre con gran amor. Nos unimos a la Virgen María, esperando del nacimiento del Niño Jesús. Ella, que llevará a este niño en su vientre virginal, es el arquetipo mismo del respeto por la vida humana. Ella es la contrapartida de esa cultura de la muerte que hoy en día está siendo tan promocionada. Ella es la fiel imagen de la atención amorosa de Dios a los necesitados, cuando rápidamente fue a las montañas para ayudar a Isabel (cf. Lc 1,39-40). Vemos en María un icono maravilloso de lo que Cáritas es. Ella puede ayudarnos a obtener esa profunda reverencia por la vida humana, a fin de que también nosotros apreciemos al hombre que Dios pone en nuestro camino. Caritas es más que bellas palabras y conceptos. Caritas es nuestra forma de vida en Jesús y la continuación de María.

"¿Qué debemos hacer?", pregunto finalmente por tercera vez en esta carta pastoral. Con calidez entrego a cada uno de ustedes la tarea de responder a esa pregunta, queridas hermanas y hermanos. La Fe no nos hace pasivos, sino que por el contrario nos hace sentir el calor de vida del Espíritu
Santo. "La Fe sin obras no tiene ningún efecto" (Santiago 2:20). Si realmente vivimos de la Fe,
ésta siempre dará sus frutos en los hechos. En su Providencia, Dios ha preparado la obra que está a la espera de que nosotros, para ser realizada. Dios se nos presenta a menudo encubierto bajo la forma del prójimo necesitado, esperando por nosotros. Es una inmensa alegría darnos cuenta de que Dios quiere usarnos en su servicio para los necesitados. Él tiene gran confianza en nosotros, y espera firmemente que hagamos un esfuerzo al servicio de la vida y de los seres vivientes. Podemos elegir qué queremos hacer, pero ninguno de nosotros puede librarse de sus responsabilidades. Jesús se ha identificado tanto con los débiles y con los oprimidos, con los despreciados y con los olvidados, que si no lo reconocemos en ellos, Él no podrá reconocernos como hermanos y hermanas.

Mons. Anders Arborelius OCD, obispo de Estocolmo.
Estocolmo, fiesta de San Andrés 30.11.2012

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