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sábado, 19 de mayo de 2012

Una pequeña reflexión.



Necesidad del apóstol
Hoy vivimos en un clima muy materializado. A veces los mismos sacerdotes se preguntan si vale la pena seguir adelante porque ven su ministerio como inútil. Piensan que hubiera sido mejor dedicarse a otra ocupación para mejorar el mundo. Sin embargo, por debajo de la situación de éxitos materiales que vivimos, se esconde la angustia y la desesperación. Nuestro mundo, tan orientado el éxito material, a la eficiencia y a la producción, tiene millones de personas oprimidas por la soledad, por la falta de amistad y solidaridad, las relaciones rotas, el aburrimiento, la depresión y un sentido profundo de inutilidad. Es aquí donde la misión del sacerdote, del catequista, del apóstol, es necesaria. Llevar la luz de Jesús es hoy, más necesario que nunca, en este mundo donde brilla el esplendor del éxito pero que esconde una creciente angustia y soledad. (P. Eduardo Hayen).

domingo, 22 de abril de 2012

Mis amigos se dirvorcian

Un buen porcentaje de mis amigos se han divorciado. Es doloroso reconocer que las generaciones que nacimos en los años 60 y en las décadas posteriores, recibimos un mundo carente de unidad. Muchos no tuvieron la seguridad de vivir con papá y mamá juntos, o percibieron que el mundo era muy frágil e inseguro por la violencia intrafamiliar de la que fueron testigos. Valores como la fidelidad, la entrega y el sacrificio no significan nada para ellos, porque vieron que sus padres nunca los practicaron. Tengo sobrinos de familias integradas que, al ver el dolor que viven sus amigos de padres divorciados, no quieren saber nada del matrimonio. ¿Para qué casarse –dicen– si eso es pura sufridera?

La cultura actual no ayuda a la estabilidad del matrimonio. Se dice que la única solución ante cualquier crisis es la ruptura. Artistas, políticos y deportistas –modelos de muchos– se casan y descasan. ‘Divórciate’ se sugiere –casi como mandato–en la hora de un aprieto. Términos como ‘perdonar’ o ‘una segunda oportunidad’ aplicaban para nuestras abnegadas abuelas, pero no para nosotros que pensamos que la vida son vacaciones, en las que hay que buscar el bienestar a toda costa. ¿Que no funciona el matrimonio?, pues se hace ‘click’, como al cerrar una ventana de una página web y basta. ¿Qué se sienten incómodos uno con el otro? Pues se acaba la relación y basta. Al fin que es más complicado terminar un contrato de telefonía celular –18 meses– que finiquitar los trámites del divorcio.

Me duele, sí, que muchos de mis amigos se hayan divorciado. Su dolor también es el mío, porque el matrimonio no es sólo cuestión de dos. Es cosa pública que nos afecta a todos. Ver a sus familias en pedazos me hace orar por ellos y sentirme solidario con sus dolores.

Desestructurar la familia es uno de los objetivos del Nuevo Orden Mundial, y muchos de mis amigos, con sus hijos, han sido las primeras víctimas. Sacar a la mujer de casa y ponerla a trabajar fue el primer paso. Luego se introdujo el divorcio, la mentalidad anticonceptiva y después el aborto. ¿Qué sigue? Ahora hay que meter a todos la ideología de género hasta por debajo de la lengua para hacer creer que la familia del hombre y la mujer es una opción anacrónica, y que existen nuevos modelos familiares igualmente válidos. Entonces seremos una sociedad amorfa, compuesta por individuos apocados y pedazos de familias, plagada de heridas emocionales, donde sólo el Estado será el educador, el legislador, el que determine lo bueno y lo malo para todos, según sus intereses.

Decir familia fundada en el matrimonio indisoluble del hombre y la mujer, abierta a la procreación y educación de los hijos, es decir futuro. Sin este concepto no habrá esperanza ni sociedad. Y por más que el Nuevo Orden Mundial, liderado por Estados Unidos y la Unión Europea, se empeñe en cambiar la naturaleza humana, jamás un bebé aprenderá a decir ‘Obama’ como su primera palabra. Esta, naturalmente, seguirá siendo ‘mamá’ o ‘papá’. (Pbro. Eduardo Hayen ).