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miércoles, 14 de agosto de 2013

Palabras del P. Leonel en misa con el obispo 11/8

Querido obispo Anders, hermanos y hermanas en Cristo. Doy gracias a Dios por haberme llamado hijo, por haberlo conocido a mis 15 años y llamarme a seguirlo como sacerdote en mi juventud. Dios me ha permitido estos últimos años en Suecia escuchar el clamor de su Pueblo migrante, y proclamar la Palabra de Dios que siempre da alivio, consuelo y esperanza a un corazón que cree que ya no puede más.
Doy gracias por los frutos que me permite ver hoy en sus rostros, hermanos y hermanas, antes desconocidos, y ahora cercanos a mi corazón. Ver a los niños que han nacido, aquellos a quienes he podido asistir en su matrimonio, bautizar a sus hijos, darles la comunión y prepararlos para la confirmación. Doy Gracias Dios por mis amigas religiosas carmelitas y dominicas, por los sacerdotes y todas las personas que ha puesto en mi camino: creyentes y no creyentes. Gracias doy a Dios por ser tan bueno conmigo
Pido perdón por
las fallas que he tenido, si alguna vez no fui reflejo de Cristo para ustedes. Si no supe llevar una buena relación con algunos, fue quizá por mis limitaciones y carencias; pero mi riqueza es el Señor y he tratado de compartirlo con todos sin excluir a nadie. Espero que hayan podido conocer un poco más a Dios a través de mí.
Muchos me preguntan por qué me voy? Si los extrañaré? La respuesta es sencilla. Dios me llama a otra parte. Estoy dando una respuesta de FE. Así como hace unos años dejé mi país para venir a Suecia, ahora el Señor me llama, escuchando la voz de mi obispo Eduardo, a prepararme en Roma para servir mejor al Pueblo de Dios a quien he consagrado mi vida. Los invito a que no se dejen llevar por los sentimientos, por los gustos inmediatos, o por meras razones humanas… Dejen que la Fe los guíe. Dios no abandona.
Le doy gracias Señor obispo por su cercanía, desde que empezamos los trámites de mi venida en enero de 2008. Los hispanos somos gente que creemos y sabemos querer. Pediré siempre por usted, por la iglesia en Suecia. Cuando alguien entra en mi corazón es difícil que salga. Esta comunidad que le entrego, es aquella que usted confió a mi cuidado. He tratado de hacer lo mejor.

Hermanos y hermanas, nunca olviden su dignidad. Son hijos e hijas, amados de Dios. Vivan buscando siempre agradarlo a Él. Que María de Guadalupe, nuestra hermosa y tierna Madre, los cubra siempre con su cariñosa intercesión.

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